15 jun 2010
30 abr 2010
Las Venas Cerradas de América Latina
Via abierta entre finales de febrero y principios de Marzo del 2010 en Cochamó, en la Pared de los Profetas, Valle de la Paloma, por Kevin Bartke, Erik Kinsey y Alejandro Bonilla.
Kevin Bartke recuperando el L4.
Dificultad: 7a+ (6b obl).
Material: Juego doble de friends hasta el número 4 (opcionalmente se puede llevar dobles hasta 3, un numero 4 y un 5).
Alejandro Bonilla llegando a la reunión en el L3.
Descripción:
L1: La via comienza unos metros a la derecha de Génesis. Subir por la placa chapando los bolts hasta la reunión (60 metros, V+, 6 bolts).
L2: Seguir la fisura que sale a izquierdas, chapar un bolt y comenzar una larga travesia hacia derechas. Reunión a la derecha del gran techo característico (60 metros , V+, 4 bolts).
L3: Subir por la fisura-diedro a la izquierda de la reunión. Seguir por la fisura evidente. Unos 10 metros pasado un pequeño techo, saliar a la placa a la derecha donde esta la reunión (40 metros, 6b, 1 clavo).
Erik Kinsey en la travesía del L6.
L5: Chapar el bolt a la derecha de la reunión y pasar al diedro de la derecha. Subir unos 10 metros por este hasta un segundo bolt. Desde aquí comenzar una travesía descendente durante unos 4 metros hasta la fisura de la derecha y continuar por esta hasta la reunión (tramo común con Otro dia, Otro Largo). (40 metros, 6c, 2 bolts).
Pared de Los Profetas con la línea de Las Venas
L6: Continuar por la fisura-chimenea de Otro dia, otro Largo. Unos 4 metros por encima de un nicho característico comenzar la travesía hacia izquierdas hasta la reunión (50 metros, 6a, 5 bolts).
L7: Subir por el diedro evidente durante 30 metros. Pasar a la izquierda de un bloque donde hay un clavo. Subir con tendencia a derechas hasta debajo de un árbol (1 clavo). Flanquearlo por la derecha hasta una repisa sucia. Seguir hacia la derecha y subir a otra repisa donde se encuentra la R (50 metros, 6a+, 8 bolts +2 clavos).
Croquis de Las Venas (un poco cutre, lo sé. Es lo que hay)
L8: Salir de la reunión con tendencia a izquierdas y subir por un diedro tumbado. Salir unos 5 metros antes del final por un árbol a la derecha del diedro (50 metros, IV).
Descenso: Por la misma via, a excepción del rápel desde la R7, que se debe hacer hacia la chimenea de Otro dia Otro Largo. Desde aquí, en un rápel más llegaremos a la R5. Desde la R2 se puede rapelar hacia la R1 de Las Venas o en línea recta hasta un rápel intermedio (Ojo, 60 metros!!).
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1 abr 2010
Cochamo
Después de terminar el camino de acceso, Jim se juntó con un grupo de compatriotas para explotar el potencial del valle y así fueron abriendo rutas como la mencionada Joe´s Pocket Monkey, La Senda de Los Gigantes o Nueva Perspectiva [1]. Debido a que el valle no habia sido explorado anteriormente, fueron los primeros ascensionistas los que tuvieron el privilegio de bautizarlo. Se cree que debido a la afiliación de algunos de los escaladores a la comunidad cristiana Solid Rock Climbers for Christ (lo que faltaba...), el valle recibió el nombre que actualmente ostenta. Igualmente, dos de las paredes principales, bautizadas como La Paz y Los Profetas, y algunas de las rutas, como Evangeline o Génesis ayudan en cierto modo a corroborar esta teoría.
1. www.cochamo.com - Página oficial del refugio de Cochamó, de Daniel Seeliger, con toda la información necesaria sobre como llegar, que llevar, fotos y otros artículos. Muy completa.
2. www.escalando.cl - Artículo con croquis y fotos de escalada, de la revistando chilena escalando.
3. www.cochamo.org - Página donde contribuir e informarse sobre la plataforma local de protección del valle. Visitar también accesosur.org para más información.
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20 mar 2010
Hielo Patagónico Sur
Cuando algo no funciona hay dos posibilidades: volver a probar o pasar de largo y dedicarse a otra cosa. Después de recibir ondanadas de mal tiempo haciendo intentos infructuosos en las Torres del Paine, al llegar a El Chaltén optamos por lo segundo: cambiamos el trekking por la escalada. Preferíamos movernos y ver algo que pasar otras dos semanas en el camping y arriesgarnos a no hacer nada. Nunca hay una decisión mejor que otra, pero mover el culo durante tres dias seguramente nos ayudaría a cuidar nuestra salud mental.
El circuito por el Hielo Patagónico Sur ha sido sin duda alguna el más impresionante trekking que haya hecho jamás. Nunca antes había contemplado con mis ojos un paisaje tan salvaje, hostil, extremo e infinito. La sensación de paz al observar con tus propios ojos una de las grandes maravillas de la naturaleza es indescriptible. Tan sólo el viento rompe el silencio en este congelador eterno. Después de caminar durante tres horas apenas te resulta haber avanzado un milimetro sobre una alfombra nevada de un metro.
Al volver a pisar el suelo firme tu mente y tu cuerpo se vuelven a relajar. La sola idea de verse envuelto en una tormenta en medio del hielo patagónico con una brújula de tres euros con termómetro y silbato como medios de navegación resulta escalofriante.
Esta vez todo ha ido bien. Esperemos que siga todo asi.
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Secciones Patagonia
6 feb 2010
Torres del Paine
Hay algo en todo este tiempo que llevo escalando que no he llegado nunca a comprender del todo y que siempre me ha llamado la atención. Se trata de la Patagonia. ¿Por que coño va tanta gente a un sitio tan lejano y se queda esperando meses enteras para acabar escalando en la mayoria de las veces una o dos vias? ¿Y por que coño vuelven? La verdad que después de pasar dos semanas y media en las Torres del Paine haciendo poco mas o menos lo anteriormente descrito aún no he llegado a dar con la solución. Tal vez sean sus paredes de mil metros de un perfecto granito, sus formaciones geométricas casi perfectas recorridas por sistemas de fisuras que llegan a lo más alto de una pared y te dejan disfrutar de unas impresionantes vistas sobre los glaciares y la pampa circundante las que hacen volver a muchos escaladores una y otra vez e intentar sus cimas una y otra vez mas. En cualquier caso lo que esta claro es que las condiciones meterorológicas no son precisamente las que motivan a uno a volver a la Putagonia, eso seguro.
Tal vez la descripción más acertada del porque los escaladores volvemos a la Patagonia la escuché de Dave Turner, un escalador americano con el que coincidimos en el Campamento Japonés. Según él, escalar en Patagonia es como apostar en un casino: cada vez que apuestas esperas llevarte el premio, la cima. La mayoría de las veces acabarás perdiendo la apuesta, pero cuando consigues ganar una de las apuestas la satisfacción se multiplicará por cien después de haber invertido tanto dinero, tantos intentos. Después de ganar la primera vez, el juego vuelve a empezar. Si has ganado una vez podrás ganar una vez más, asi que en lugar de retirarse a tiempo muchos acabarán volviendo esperando encontrar una racha de buena suerte, de un premio aún mayor. Tal vez el problema de los escaladores sea la ludopatía y no el tiempo.
Esta temporada en las Torres del Paine, y en la Patagonia en general, esta siendo una puta basura. Eso no hace falta que lo diga ni Dave Turner ni Maldonado, eso lo sabemos los que hemos estado por aqui. En toda la temporada lo más que se ha conseguido escalar en las Torres del Paine ha sido la Monzino a la Torre Norte por unas 5 ó 6 cordadas aproximadamente, y teniendo en cuenta que es la via mas fácil de todas cuantas ahi, no es gran cosa, pero tal y como esta el asunto menos es nada. La Torre Central y la Torre Sur aún no han sido coronadas esta temporada, y es muy probable que continue asi durante el resto de la temporada, pues a la mayoría de los escaladores se les agotó la paciencia y se marcharon al mercadillo más cercano a vender todo el material y pasar el resto de las vacaciones en la playa tomando Caipirinhas y disfrutando de un cielo sin nubes y sin viento.
Nosotros, los Franconianos tuvimos el privilegio de topar con uno de esos dias de buen tiempo en las dos semanas y media que estuvimos en el parque. A pesar del frio y del viento el dia estaba completamente despejado y pudimos subir por la Monzino. El resto de vias de la cara Oeste tenían una pequeña capa de nieve por encima y las fisuras estaban llenas de hielo. Ese dia una cordada de americanos también hizo la Monzino después de bajarse de la Torre Central a causa de las condiciones. En otro dia de tiempo miserable también conseguimos alcanzar la cumbre del Peineta, justo al norte de la Torre Norte, por un evidente corredor en su cara oeste. Las vistas desde la cima eran inexistentes, el viento huracanado y el frio y la humedad se notaban hasta en los huesos. Dos intentos frustados a Taller del Sol a la Torre Norte por parte mia y de Andi, y a la Aste a la Torre sur por parte de Kevin y Jörg consiguieron acabar definitivamente con nuestra paciencia.
Nuestra estancia en el Parque Nacional Torres del Paine ha sido pese a todo bastante gratificante. Hemos conocido a mucha gente y hemos hecho muchos amigos nuevos, tanto españoles, como chilenos como americanos, y sobre todo hemos compartido momentos inolvidables con todos ellos. En el campamento japonés compartimos la chabola con el equipo de Tecnificación de Aragón durante toda su estancia. El Ron, el Whisky y el vino valieron para ahogar las penas de unos y de otros y para encontrar un punto de entendimiento común entre alemanes y españoles. En el Campamento Chileno conocimos a Andi, encargado de las comidas en el refugio y Someliere de profesión que nos cautivó con los detalles del Casillero del Diablo y nos mandó a dormir con los del Piscola. La gente del Campamento Torres, los amigos de Puerto Natales y los paseantes que encontramos durante el camino. Muchos recuerdos como para comprimirlos todos en un par de frases.
En fin, que al final, a pesar de acabar hasta los cojones del tiempo ya veo que acabaremos volviendo. ¡Ludópatas!
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25 dic 2009
Etoiles Filantes
Tras bajar de la Integral de Peuterey nos dedicamos unos dias al mimo del cuerpo: 12 horas de sueño, comidas copiosas y ejercicio continuo a pase de ping-pong, piscina y paseos de octogenario. Después de tres dias ya estábamos preparados para embarcarnos en la siguiente escalada. Sin embargo no teniamos una idea clara de adonde ir. Pensábamos ir al Grand Capucin o a la Aiguille du Midi, aunque por otro lado ya habíamos estado un par de veces y sabiamos que por estas fechas las paredes iban a estar muy solicitadas.
Durante los dias que habiamos estado deambulando por el camping habíamos conocido a Lucca, un conocido guía de Courmayer que durante el período estival solía echar una mano en el negocio familiar. Él nos había recomendado repetir una via en la Tour de Jorasses llamada Etoiles Filantes (Estrellas Fugaces), abierta por Piola en los 80. Ni Dani ni yo habiamos oido hablar de la via ni de la pared, asi que después de recopilar algo de información sobre situación y acceso y hacernos con un croquis decente decidimos darle un tiento.
Lucca, en un gesto de amabilidad de entre otros muchos, se encargó de reservarnos un par de plazas en el refugio Boccalate. Cuando llegamos al dia siguiente por la tarde, el guarda estaba esperándonos y salió a recibirnos. Lucca le había hablado de nosotros y pronto entablamos una animada conversación. El guarda y su amigo -que en esos dias le estaba echando una mano en el refu- eran gente joven y muy abierta y sabían llevar el refugio con disciplina. Según nos comentaban la mayoría de la gente que venía al refugio lo hacía para subir a las Grandes Jorasses por su ruta normal, y pocos o muy pocos venían para escalar. Después de un reconocimiento rápido nos quedó claro que al dia siguiente ibamos a escalar solos. Un auténtico lujo para ser Agosto en el Macizo del Mont Blanc.
La jornada al dia siquiente comenzó a las 6 de la mañana, y a eso de las 8 ya estabamos subiendo por el glaciar que nos llevaría al pie de vía. El glaciar estaba completamente abierto y su travesía no resultó peligrosa. Tras llegar al pie de via y calzarme los pies de gato, comencé los primeros metros de escalada desencordado para alcanzar una repisa desde donde comienza el verdadero primer largo. Un pasito delicado me hizo pensarlo mejor y decidí bajar a encordarme. Estaba de nuevo intentando superar el dichoso paso cuando a lo lejos se oyó un estruendo.
- "¿Eso que será?", dijo Dani.
- "Un avión supongo" contesté yo. Hasta el momento habian pasado unos cuantos aviones y el ruido me pareció familiar.
Al segundo los dos levantamos la cabeza y nos dimos cuenta de que un desprendimiento de nieve y roca se nos venía encima por la canal que baja a la derecha de la pared. En un acto reflejo me tumbé contra la pared bajo un pequeño abombamiento y Dani, sin dejar de darme cuerda, se metió en la rimaya unos cinco metros mas abajo. Durante unos 3 segundos eternos contraje los hombros esperando que todas las piedras que pasaban silbando cerca nuestra lo siguiesen haciendo lo mas lejos posible. El ruido de las piedras y los bloques de hielo chocando unos contra otros era ensordecedor. Después vino la calma. Dani salió del agujero para comprobar que ambos estabamos ilesos. Revisamos las cuerdas. Milagrosamente estaban intactas. Eso si, al lado de las botas había una piedra del tamaño de un balón de fútbol que antes no estaba ahí. Había estado cerca. A mi se me estaban quitando las ganas de escalar pero como ninguno mencionamos nada de retirarnos, seguí hasta la repisa. Del paso tonto de antes ni me enteré y en un abrir y cerrar de ojos estaba recogiendo las cuerdas para que subiese Dani. Poco después ambos nos encontrábamos en la repisa desde donde da comienzo la verdadera via. Desde aquí el itinerario estaba a salvo de todo tipo de desprendimientos provenientes de la canal, aunque el susto tardaría todavía un tiempo en desaparecer. Sin intercambiar muchas palabras comenzamos a escalar:
Largos de placa se alternaban con otros de fisura y poco a poco nos vimos inmersos en la escalada, olvidando lo sucedido unos momentos atrás. Alcanzamos la linea del sol y empezamos a disfrutar incluso en las reuniones. Los largos centrales son algunos de los mejores de toda la vía. Un diedro fisurado perfecto de unos 30 metros nos hizo disfrutar y sudar a partes iguales. Luego venía una placa muy técnica para poner a prueba los nervios. A continuación, el techo: unos 7 metros de 7b que se pasan muy bien en A0. Este largo forzado completamente en libre tiene que ser una pasada. Un par de largos más sin trascendencia nos llevaron a uno de los largos más bonitos: una fisura perfecta de unos 15 metros que se abandona a la mitad para deviarse a la derecha y superar un desplome de empotre de manos perfecta: una orgía de empotres. Al terminar este largo Dani ya estaba hasta los cojones de los pies de gato y prefirió dejarme hacer de primero los pocos metros que nos quedaban hasta la cima, ya sin grandes dificultades.
El descenso por la misma via no presentaba mayores complicaciones y en poco mas de una hora estuvimos en la repisa del comienzo de la via. A pesar de que durante toda el dia no había habido ningun otro desprendimiento, los miedos de antes volvían a hacerse latentes. Rapelamos hasta la nieve, nos calzamos las botas, recogimos las cuerdas y salimos echando ostias glaciar abajo. Cuanto menos tiempo tardásemos en bajar, menos tiempo estaríamos expuestos a la caída de piedras. 15 minutos mas tarde, contentos por haber salido del glaciar ilesos y por haber hecho una vía tan bonita nos encontrábamos al lado de las mochilas tomando un aperetivo antes de emprender el descenso.
Dos horas y media mas tarde, ya de noche, llegamos al fondo del valle. Ya no pasaría ningún bus. Tendríamos que esperar al dia siguiente. De nuevo otro vivac al raso. Además, aquella noche no teníamos nada de cenar. Al menos las estrellas fugaces de la noche de San Lorenzo nos ayudaron a olvidarnos del hambre y a entretener la vista.
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9 dic 2009
Integral de Peuterey (II)

Tras este delicado paso, más impresionante que difícil, llegamos por fin a la cima noroeste de la Aiguille Blanche de Peuterey. Desde aquí las vistas sobre el Plateau de Peuterey son impresionantes. En frente se encuentra la vertiente del Freney con su destacado pilar central, junto con algunas de las líneas más difíciles de todo el macizo del Mont Blanc. A su derecha se encuentra el nada despreciable Pilier d'Angle, probablemente el camino más fácil para salir de esta ratonera de roca, nieve y hielo incrustado en el corazón de la montaña a más de 3600 metros sobre el nivel del mar. Cualquier intento de retirada desde este punto se puede convertir en una auténtica odisea, como así lo demuestran los acontecimientos vividos por Bonatti y compañía en el Pilar Central del Freney en el 68.
El corredor Eccles suele ser la opción más rápida para superar el Pilier d'Angle y terminar la Integral. Este año sin embargo, debido al calor y a las pocas precipitaciones el corredor no era mas que un desagüe gigante por donde no paraban de caer piedras de todos los tamaños. En estos casos lo normal es subir directamente al Pilier d'Angle siguiendo su poco definido espolón sur y efectuar un flanqueo para llegar a la arista de nieve que baja del Mont Blanc de Courmayer.
Tras bajar de la Aiguille Blanche y atravesar el Plateau de Peuterey, con los correspondiente rodeos para evitar las grietas, llegamos a la base de la pared de roca. Aquí todavía nos esperaba un larguito de mixto entretenido, seguido de muchos metros de escalada fácil que realizamos de nuevo en ensamble. Llegamos a la cima con los últimos rayos de sol, y debido al cansancio acumulado decidimos dejar la cumbre para el día siguiente. En su lugar terminaríamos la aparentemente inocente travesía hasta el comienzo de la arista de nieve, dejando para la siguiente mañana la arista somital. La travesía de mixto y hielo resultó ser finalmente más complicada de lo que nos habría gustado, en parte porque los crampones de travesía de Dani, muy ligeros por una parte, apenas penetraban 2 centímetros en el duro hielo añejo. Después de la travesía no había ningún lugar decente para dormir, y sin mucho pensarlo nos acomodamos en una pequeña repisa de metro y medio de largo por cuarenta centímetros de ancho. Con los pies colgando y recostados sobre uno de los lados intentamos conciliar el sueño en una noche inusualmente cálida para la altitud a la que nos encontrábamos. De cena: queso, pan y frutos secos. El menú estaba empezando a repetirse demasiado. Además con el agua también andábamos escasos, y el litro y medio que nos quedaba tendríamos que estirarlo hasta el día siguiente.
Después de no pegar ojo más de 15 minutos seguidos en toda la noche estaba claro que por la mañana no íbamos a tardar mucho en levantarnos. Aún sin saber si el sol había llegado a salir del todo comenzamos a remontar la arista de nieve. Apenas 500 metros nos separaban de la cima. Sin duda alguna fueron los 500 metros que más esfuerzo necesitaron. Sin aclimatación previa, con apenas un trago de agua en la cantimplora y tras dos días de escalada estaba claro que estos últimos metros íbamos a tener que pelearlos. A quince segundos de progresión seguían otros cinco para recuperar el aliento. Cuando por fin llegué a la cima del Mont Blanc de Courmayer lo primero que hice fue tirarme al suelo para recuperar el aliento. Cinco minutos más tarde llegaba Dani. Por fin!!! Ya sólo nos quedaban unos metros hasta la cima del Mont Blanc. Era un día magnífico, completamente despejado y por supuesto con gran afluencia de público. Nos quedamos unos metros antes de la cima para derretir nieve, beber y comer un poco. Después llegó la foto de cumbre. Para mi la primera en la cima del Mont Blanc.
Aquella noche, después de bajar durante toda la tarde, volvimos a vivaquear. Al menos esta vez lo hicimos en un camping de les Houches.
El croquis (más bien dicho descripción) más detallado, tal vez demasiado detallado, lo obtuvimos del libro de Francois Damilano "Escaladas en el macizo del Mont Blanc. Tomo II. Nieve, hielo y mixto". En la vista previa del libro en la página de Desnivel encontrareis la descripción completa de la via, asi como fotos de parte de la arista. En la versión completa se incluyen un par de fotos más: el descenso de la Aiguille Blanche y la subida desde el collado de Peuterey hasta el Mont Blanc de Courmayer.
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27 nov 2009
Integral de Peuterey (I)
La aventura de verdad comenzó al día siguiente. Después de esconder la mitad del material y meter la otra mitad en la mochila de ataque, salimos, esta vez más ligeros, hacia el refugio Borrelli. Al legar comprobamos que no íbamos a ser los únicos en la arista los próximos dias. Las condiciones en la vía era idóneas, daban cinco días de buen tiempo y temperaturas altas. Estaba claro que nos acompañarian unos cuantos. A parte de nosotros habían otros dos chavales españoles, dos guias suizos con cara de estar curtidos en mil batallas y otros dos italianos que a juzgar por sus mochilas se veía que venian preparados pasar mucho tiempo en la arista. Por los costados de la mochila asomaban, entre otros bártulos, una pala de nieve, dos estacas y un buen puñado de tornillos de hielo. Más tarde, mientras el resto terminaba de cenar y nosotros intentábamos aclimatarnos a marchas forzadas llegaron tres españoles más de Zamora. Esto se parecía cada vez más a la ruta normal! A las 3 de la mañana sonó nuestro despertador. Para entonces la cordada más joven de españoles ya se encontraba en las inmediaciones de la pared y los suizos y los italianos estaban terminando de desayunar. Los zamoranos eran los únicos que se despertaron poco después de nosotros. Fueron también los últimos por detrás nuestra en comenzar la escalada hacia las cinco y media de la mañana, justo cuando los primeros rayos de sol empezaban a mostrarnos el camino hacia la primera de las puntas. Con una cuerda de 8 mm encordados a 30 metros de distancia, unos pies de gato, un puñado de friends y una mochila de unos 12 kilos empezamos a escalar en ensamble. Pronto alcanzamos la cordada de italianos, después a los españoles y por último a los suizos. Todos progresaban por largos y las dos últimas cordadas que adelantamos lo hacían además con botas. Así pues no tardamos mucho en ser los primeros en aquella “carrera” por la cima. Continuamos en ensamble hasta las inmediaciones de la primera aguja, la punta Bífida, donde debido a un pequeño embarque tuvimos que hacer algún largo más vertical que ya rozaría el sexto grado. Pese a este contratiempo pronto retomamos la tónica de escalada en ensamble, alcanzando las siguientes dos puntas en poco tiempo. En este tramo perdimos de vista al resto de cordadas. Al día siguiente tan solo seríamos capaces de divisar a la cordada suiza.
A partir de la Punta Bich comenzamos a progresar por largos, pues es aquí donde se encuentran las tiradas de mayor dificultad, aunque estas en realidad no pasan del V+. Una vez alcanzada la cima de la misma seguimos en ensamble hasta llegar a lo mas alto de la Aiguille Noire, en torno a las cinco de la tarde. Sabíamos que si seguíamos a ese ritmo podríamos llegar al Bivac Cravieri en el día. Por eso mismo apenas paramos cuando llegamos a la cima. Hasta la Donna se giró asombrada para ver que hacíamos cuando comprobó que en lugar de sentarnos junto a ella, como hace la mayoría, nos fuimos directamente a los rápeles. El descenso nos llevó algo más de dos horas, y por suerte durante la bajada encontramos algo de agua. Sin embargo salía muy poca y tan sólo pudimos llenar media botella.
“Tanto bajar para ahora volver a subir”. Esto es lo que se me pasaba por la cabeza mientras comenzábamos el ascenso hasta la base de las Dames Anglaises. Terreno más fácil pero más suelto. Tanto fue así que en este tramo una de las cuerdas se llevó un buen tajo en la camisa al desprenderse un bloque. Por suerte Dani salió ileso. El cansancio iba haciendo mella y ahora si que íbamos lentos. Se hizo de noche justo en la cima de la primera aguja. A partir de entonces la oscuridad se alió con nuestras cuerdas para alargarnos los rápeles. En casi cada uno de ellos se nos enredaban los cabos irremediablemente. Tras rodear la segunda de las puntas y miles de injurias en cada uno de los rápeles conseguimos llegar al maldito bivac alrededor de la una y media de la mañana. Estábamos tan cansados que apenas llegar nos metimos en el saco de dormir. La bolsa de pasta que con tanto cariño nos había acompañado hasta este punto tuvo que resignarse y esperar en la mochila por falta de agua para cocinar. En su lugar dimos cuenta del queso, pan y frutos secos.
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16 sept 2009
De vuelta en Vega Urriello
La primera vez que fui al Naranjo de Bulnes con intenciones de escalar fue hace mas o menos 4 años. Aún recuerdo estar ahí sentado sobre la pradera de Vega Urriello mirando aquel meño de color ocre con una mezcla de admiración y sobrecogimiento. Nunca había visto una pared tan vertical ni tan alta, igual que nunca había estado observando un muro de piedra durante tanto tiempo. Ciertamente no había otra pared que me fascinara tanto. Frente a ella se sentía uno minúsculo, vulnerable, insignificante. La sola idea de intentar surcar aquel muro producía escalofríos.
Para cuando llegué a Vega Urriello aquel verano, ya me había puesto al tanto de toda su historia. Desde un facsímil relatando la primera escalada al Naranjo escrita por el Marqués de Villaviciosa, hasta la escalada en libre del Pilar del Cantábrico por los hermanos Pou y las aperturas de los murcianos en los 70 y 80. La lectura de esas grandes aventuras escritas por la punta de lanza del alpinismo español no hacían más que agrandar ese aura de magnificencia e invencibilidad que ya por sus dimensiones se merecía. Aquella montaña estaba llena de simbolismo.
Nuetro objetivo aquel verano estaba muy claro: subir por la cara Oeste, la más impresionante, imponente y difícil de todas. Teniendo en cuenta que por aquel entonces no haciamos más de 6a a vista y 6b a duras penas, se podría decir que nos habíamos marcado un objetivo bastante ambicioso. Aún así nos sentíamos preparados. Aquella ascensión debería de algún modo dar sentido a todos esos años de escalada hasta el momento. Es decir, dos.
Y entonces llegó el día esperado. La noche anterior apenas pegué ojo y durante la corta aproximación la respiración se entrecortaba por el nerviosismo. El primer largo de la Murciana, nuestra via, era probablemente el más fácil. Me tocó a mi. Estaba como un flan. Por mi cabeza pasaban muchos pensamientos. Demasiados. De algún modo todo ese respeto por la pared se había transformado en un lastre que no me dejaba concentrarme. A pesar de la tensión, el largo era tan fácil que resultaba dificil cometer un error, llegando a la primera reunión sin mayores consecuencias. Los siguientes tres largos hasta después del desplome se los repartieron Álvaro y Dani. Poco a poco la escalada iba requiriendo de mayor concentración y el ir de segundo me permitía ir más relajado, disfrutando más cada largo. A cada reunión que alcanzabamos se diluía un poco más el mito del Naranjo. La tensión del principio se fue transformando en una mayor confianza y los titubeos iniciales fueron desapareciendo. Pronto llegamos a mitad de pared y entonces noté que todos esos miedos iniciales habían desaparecido. Habíamos superado la parte más complicada. Era un magnífico día de verano y lo más fácil estaba por delante. Los largos superiores fueron los mejores y sus generosos agarres nos permitían recrearnos en cada movimiento. El último largo de la Murciana es probablemente otro de los largos más fáciles de toda la vía. Me tocó a mí. Nada me distraía. A pesar de las distancias entre seguros y la altura me resultó fácil escalar aquel largo. Se acababa de completar un sueño. Se acababa de caer un mito. Todas esas historias sobre épicas ascensiones y espectaculares rescates que hacían parecer al Naranjo una montaña inaccesible. Las dimensiones de la montaña, tal vez la más espectacular que había visto hasta el momento. En mi conciencia se había asentado la incertidumbre ya antes de comenzar la escalada. Me había dejado influir por las historias de otros. Por la impresión de ver una pared de semejantes magnitudes. Durante la escalada conseguí demostrarme a mi mismo que todas esos miedos eran infundados.
Unos dias más tarde fuimos a la Rabadá-Navarro. Tras quedarnos dormidos por la mañana y embarcarnos justo antes de llegar al largo de la travesía acabamos escapando por los rápeles de la Murciana. A pesar de no haber podido terminar la ruta, el respeto que me infundía la pared tan sólo unas semanas atrás había desaparecido. Al día siguiente fuimos a Áviles y nos emborrachamos hasta las 7 de la mañana.
Desde aquella última vez hasta este mes de julio no había vuelto a pasar por Vega Urriello. La pared ya no me parecía tan impresionante como antaño. La mayoría de sus rutas mucho más asequibles que antes. Por desgracia esta vez sólo tenía un fin de semana en lugar de dos semanas. Aún así nos dió tiempo a escalar la Leiva y la Cherokee Way y disfrutar de la calidad de su roca, tan difícil de encontrar en otras escuelas.
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Secciones Picos de Europa
2 sept 2009
Lejos de los gilipollas
Hace unos tres años, Christian Ravier y Joan María Vendrell abrieron una via en Ordesa, que de no ser por su nombre seguramente habría pasado desapercibida a mi atención. La via en cuestión se llama Lejos de los gilipollas. Lo cierto es que no se exactamente cual fue el motivo que llevó a los aperturistas a escoger este nombre, aunque sin lugar a dudas este da pie a cientos de hipótesis. Tras la última visita a Ordesa, Dani y yo tuvimos la suerte (o tal vez desgracia) de vivir uno de esos episodios que te llevan a entender porque los aperturistas ponen nombres tan característicos a ciertas vias.
Era una medianoche de Junio y Dani y yo nos encontrábamos terminando de cenar en el Parking de la Pradera de Ordesa, junto al coche, con un gran despliegue de medios. Entre otros cervezas, una hamaca, todo tipo de comestibles y hasta una bombona de butano. En todo el parking éramos los únicos que estábamos despiertos. Lo cierto es que habría sido más prudente haberse ido a dormir más pronto teniendo en cuenta que al dia siguiente había que levantarse pronto para ir a escalar, pero que le vamos hacer, a ninguno de los dos se nos da bien este aspecto del alpinismo. En ese momento hizo su aparación un vehículo de la Guardia Civil, y haciendo rugir el motor de su Patrol se dirigió hacia el primer vehículo que apareció en su camino: el nuestro. Con el motor todavía en marcha se bajaron de su interior dos agentes y se dirigeron hacia nosotros. Cuando se acercaron y comprobaron el panorama, les quedó claro que no estábamos durmiendo y que no nos podrian dar esa multa que habían venido a recetarnos. Asi pues y de forma educada nos invitaron a dormir esa noche en la pradera, pues al no estar al tanto de la normativa vigente consideraron que mereciamos una noche de condonación. A cambio tan solo nos pidieron que nos identificáramos, y nosotros, pensando que se trataba de un rutinario control de DNIs accedimos sin vacilar. Acto seguido volvieron al Patrol y se pararon frente al siguiente vehículo. Armados con sus linternas y dando golpes en las ventanillas fueron levantando a todos sus ocupantes como si de traficantes se tratasen. Estaban cometiendo un delito demasiado grave que no debería quedar impune: estaban durmiendo en el parking. Todos los que allí estaban durmiendo aquella noche recibieron la cálida visita de esos dos agentes con fines recaudatorios, que mucho difieren de los motivos medioambientales a los que apelan.
Felices por haber salido indemnes por poco de aquella injusticia continuamos escalando aquel fin de semana por las paredes del Gallinero. Primero la Rabadá/Navarro y al dia siguiente la Zarathrusta nos hicieron disfrutar como un tonto con un lápiz en nuestro bautismo ordesiano. De verdad que fue un fin de semana redondo en cuanto a escalada se refiere. Los recuerdos de aquellos techos y todo ese patio nos acompañó durante todo el viaje de vuelta. Estábamos contentos.
La sorpresa llegó un mes mas tarde en forma de multa. Se nos acusaban unos hechos que no habían acaecido. Nuestra ingenuidad nos había hecho víctimas de un gobierno con ansias recaudatorias en época de crisis. Pese a haber recurrido la sentencia, las esperanzas son mínimas, pues no tenemos pruebas definitivas que hagan veraz nuestra versión, y mucho dudo que los agentes se retracten de aquella sucia jugada.
Asi pues, nuestro único consuelo probablemente sea volver a las paredes de Ordesa para escalar la citada vía de Ravier y comprobar si de esta manera podremos sentir ese distanciamiento al que hace alusión el nombre de la vía. Si es así, mucho me temo que con el tiempo acabará convirtiéndose en una clásica muy repetida.
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Secciones Pirineos
20 jul 2009
Galayos - 6 vias buenas
Era mayo, el sol empezaba a apretar en las principales escuelas madrileñas y ya habia ganas de ir tachando alguno de esos viejos proyectos que llevaban mucho tiempo en la saca de "vias por hacer". Para este viaje a Galayos tuve el privilegio de juntarme con el escalador, aperturista, fotógrafo y vividor Javi Clos, protagonista de grandes gestas como la fisura de ida y vuelta y otras aperturas de menor calado ;)
Recuerdo que el jueves salimos con prisa y sin organización: llegamos a Arenas en torno a las 9 de la noche con la idea de comer algo rápido y empezar a aproximar lo antes posible. Por esa misma razón optamos por sentarnos en un restaurante y pedir unas cervezas y un plato del menú, disfrutando de la sobremesa un ratito más para llegar dos horas más tarde al parking de la cabra. Ninguno sabíamos exactamente donde se bifurcaba la canal de la Peña del Águila, el lugar elegido para dormir esa noche, asi que estaba claro que teníamos todas las de perder cuando empezamos a andar a eso de las 23.30.
Al final no fue para tanto. Amanecimos en medio del camino, a unos 20 minutos de la canal en discordia. Ese mismo día teníamos pensado ir a escalar una de las mejores vias de fisura de la península según los entendidos. Lo cierto es que pensábamos que a lo mejor serían habladurías, que igual luego no era para tanto, y que como ocurre a menudo sería la leyenda lo que precediese a la vía, pero después de escalar la Lynyrd Skynyrd o Tiempos del Cambio acabamos absolutamente convencidos de que era una de las mejores vías que habíamos escalado en mucho tiempo. La placa al final se nos resistió, esperando que en un futuro estemos lo suficientemente fuertes como para escalarla sin reposos. Para terminar hicimos la Sulayr, otra pedazo de via con un primer largo buenísimo y un escaqueo en el último largo todavía mejor que mantendrá tus tobillos a salvo si no dispones de cacharrería grande.
El día siguiente nos lo planteamos con calma pues la noche anterior llegamos al refugio Victory bastante tarde. El diedro Ayuso de la Punta María Luisa llevaba ya más de tres años esperando mi visita, y esta vez no lo dejé pasar. No nos defaudó a ninguno de los dos. Para completar la jornada seguimos el cresterío hasta situarnos debajo de la Valencianos al Torreón mientras unas cuantas cordadas esperaban su turno para escalar en la Sur como quien espera en un atasco, fumando un cigarrillo y mirando por la ventanilla que sucede en la vía de al lado. Nosotros al final conseguimos pasar con un único Camalot del 4 y con la ayuda de la chapa que protege la fisura en la parte superior. Otro largo memorable.
El último día decidimos volver al Torreón a hacer doblete. Underground-Malagón para calentar y la vertical y clásica cara Norte para poner el broche de oro a tres días de escalada y seis vias asequibles y de una calidad excepcional.
A la vuelta nos tocó atasco. Ahí estábamos todos, metidos en nuestros coches, fumando un cigarrillo y mirando por la ventanilla que sucedía en el carril de al lado.
La mejor info online a cerca de la Peña del Águila la podrás encontrar aqui.
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Secciones Fisura
22 jun 2009
Semana Santa en el valle de Tena
La verdad es que para las fechas que son, ya casi Julio y con el sol en la nuca, queda un poco desfasado publicar un Post a cerca de las correrías de Semana Santa em busca de resquicios de hielo. Aún así y por no perder la cronología de sucesos, yo lo pongo, y el que quiera que lo lea.
Fue al poco de volver Dani de su viaje a Chamonix (véase "Crónicas del Dru") cuando conseguí convencerle para que me acompañara al Pirineo durante la semana santa a hacer penitencia por alguna de sus caras norte. Hasta entonces y pese a mis esfuerzos no había encontrado ningún compañero con crampones y piolets, y suficientes conocimientos sobre su funcionamiento. La verdad que aún no me explico como a Dani aún le quedaban ganas de ir en busca de umbrías después de haber estado más de un mes viendo como se congelaba el agua de su cantimplora en los Alpes. En cualquier caso la motivación era alta: nada más llegar a Piedrafita de Jaca tras siete horas de coche desde Madrid, nos calzamos los esquis y subimos al Watade. Mientras los que bajaban iban pensando en una cerveza fresca y un buen estofado como recompensa al esfuerzo diurno, nosotros subíamos pensando en chupones de hielo y largos de roca verglaseada. Pese al calor reinante por esas fechas en toda la península encontramos el corredor en bastantes buenas condiciones. Al salir nos pilló la noche y con los deberes hechos nos fuimos a reencontrarnos con esa merecida cerveza fresca.
El día lo siguiente lo pasamos como concluimos el anterior: tomando más cerveza. A mediodía decidimos subir al refugio a echar un vistazo a la cara norte del Telera y fijar objetivos para el día siguiente. De hielo no había casi ni rastro. Nuestro plan entonces se limitó a seguir lo poco que había de blanco en la pared, enlazando la parte inferior de la vía Maider con el muro superior del Espolón Central. Al final conseguimos sacarle un buen partido a la via para las condiciones tan miserables de la pared (nada de hielo y nieve inconsistente). Y es que a falta de hielo, bueno es el mixto.
Para el que le interese una posible repetición: nosotros encontramos dificultades de 70º, M5 y 6a (un paso en el penúltimo largo, en el cual por cierto se nos metió una tormenta que llevaba ya tiempo merodeando por nuestro alrededor).
Los dos días siguientes lo pasamos nuevamente tomando cerveza, tarea que alternamos con la del secado de material y ropa. Para el próximo día el objetivo ya lo teniamos fijado: La via Ursi a la Pala de Ip.
Salimos prontito con los esquies desde el Parking de los Sarrios, y ya con las primeras luces llegamos al collado para echar un vistazo a la pared. Desde lejos se veía blanca y apetecible. La aproximación desde el collado acabó haciéndose muy pesada debido a la cantidad de nieve polvo acumulada. Cuando llegamos a pie de vía nos percatamos de que todo lo que se veía de "blanco" desde el collado no era más que nieve húmeda pegada a la roca, que además se desprendía continuamente en pequeñas coladas ya que el sol incide por la mañana en la pared. Con estas condiciones tardamos cuatro largos en hartarnos de las continuas coladas, de la nieve inconsistente y de la falta hielo antes de emprender el descenso. Una putada pues lo más dificil ya estaba casi hecho...
En los días siguientes se instauraría el mal tiempo en el piri, y nosotros, hartos de tan malas condiciones optamos por poner rumbo al sur y pensar en roca caliente para las próximas aventuras.
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25 abr 2009
Rodellar
La verdad es que cuando tengo tiempo para ir varios días a escalar me suelo decantar por destinos con vias largas o vias desequipadas y no por escuelas de escalada deportiva. Sin embargo habia oido hablar tan bien de Rodellar que por una vez me dejé llevar. Al final mis expectativas se cumplieron con creces: durante todo el puente hizo buen tiempo (tanto que nos pudimos dar unos bañitos en el rio), nos estuvimos levantando con la misma calma con la que nos acostábamos y las cervezas fueron desapareciendo misteriosamente según se acercaba el dia de volver. Cuando ese día llegó ninguno nos queriamos marchar. Nos habría gustado estar ahí una semana, o un mes o tan sólo unos dias más para prolongar esa sensación de felicidad plena que a veces tanto cuesta encontrar.
Ahora ya da igual porque la próxima vez que volvamos será diferente. Tal vez incluso mejor...
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bonirau
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Secciones Deportiva
14 abr 2009
Continuará...

"Alpinismo es el arte de recorrer montañas afrontando los mayores peligros con la mayor de las prudencias. Lo que aquí llamamos arte es la aplicación de un saber a una acción"
Con tiempo estable aunque con previsiones de isoterma de -10 y mucho viento, por debajo de la misma pared, comenzamos a escalar una primera sección de diedros intactos y otras zonas inestables, la frontera entre la antigua y la actual pared. Mientras estábamos allí, rodeados de un templo granítico, en el que podíamos observar una diversidad de colores, fisuras y bloques caóticos, nos percatamos del equilibrio en el cual estábamos envueltos. Un silbar constante de diferentes tonos nos recuerda, que aquel lugar atestigua la impresionante fuerza del Cambio Climático. Rocas de diferentes tamaños caían curiosa y constantemente siempre a nuestra derecha, impactando en la nieve o a nuestra izquierda volando algo distanciadas de la pared. Con el silencio de la noche, el silbar penetraba en nuestros oídos generando un sueño intranquilo, las rocas impactaban en las repisas superiores, la gravedad y el viento arrastraban pequeñas chinas que impactaban en el doble techo de la hamaca y de vez en cuando, en las barras laterales de la hamaca, desvelando nuestro sueño.

Después de la cena, comentamos:
- Oye, ¿tu crees que si cae alguna roca mas grande el doble techo, hará algo? Se le ve fuerte.
- No se... algo hará, de momento tenemos suerte, las rocas pequeñas rebotan sin hacer agujeros. Tenemos un buen Karma, esperemos que no acompañe y no se duerma.
Tras escalar otros dos largos más, en libre y artificial sobre granito bueno a tramos, fijamos los 200 metros de cuerda estática de 9mm, para subir días mas tarde en la tentativa definitiva. Allí dejamos todo nuestro arsenal de material, dos mazas (una voló 100 metros y la tenemos fichada en la nieve), 3 juegos de friend, 10 plomos, tres juegos de empotradores, copperheads, 10 bird-breaks, rups varias, uñas, 60 clavos, 15 spits, hamaca, sacos, fundas de vivac, esterillas, hornillo, gas y comida para siete días más y agua...¡ay con el agua!. Intentamos una manera peculiar para conservar dicho elemento en estado líquido: vino blanco diluido al 20% con agua como anticongelante potable. Recomendamos su uso auxiliar como sustituto del anticongelante para el coche, pero no para su uso potable, ya que altera la percepción sensorial de la sed, sabe a rayos y pasas más sed al no querer beber.

Decidimos bajarnos, puesto que la previsión de temperaturas y fuertes vientos superaba con creces lo que un oso polar pudiera aguantar asegurando a su compañero, sin poder moverse. También tuvimos la perfecta excusa de la visita exprés de nuestro buen amigo Vitorio para celebrar sus 30 años.
El recurso de tiempo se nos agotaba y dado que la meteorología no iba a acompañar durante algún tiempo, a raíz de un compromiso laboral decidimos no continuar con la escalada y desmontar todo el tinglado. Las condiciones ya primaverales en la pared, con temperaturas diurnas elevadas (sólo al sol) y noches bajo cero, hacen de la escalada una ruleta rusa en la cual queda mucho por apostar, el mayor de los peligros con la mayor de las prudencias. Empezamos a sentir esa acción artística en este escenario hóstil, y se nos antojaba tan cerca, pero llegó su punto y final.
Nuestra aventura dió un giro de 180º, la ascensión pone su punto final. Bajaremos todo el material de la pared, ya que dejar algo allí colgado expuesto a las caídas de piedras, no merece la pena. En días posteriores intentamos subir, pero los remontes de Grand Montets están cerrados a causa del intenso viento en altura: rachas de mas de 150 km/h. En varias jornadas de mal tiempo, rapelamos los 200 metros de roca abiertos, con los petates y la hamaca. Descendemos el Gran Corredor de 200 metros con ellos, los arrastramos por las faldas de las Flames de Pierre hasta bajarlos, descolgándolos 400 metros hasta el glaciar de la Mer de Glace y conseguimos llevarlos intactos hasta el Tren de Montenvers.
Allá abandonamos la ilusión y el sueño de escalar tan bella montaña de granito, quizá sea una lección mas de la vida o una simple casualidad la que nos impidió ascender. Lo que merece la pena no es triunfar siempre, sino disfrutar de cada momento haciendo lo que mas nos gusta: escalar grandes paredes, ver y sentir el aura que las rodea y retomar la ilusión que nos infunde escalar aquellas montañas, hasta conseguirlo. ¡Para el año que viene más y mejor! Continuará...
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