2 sept. 2009

Lejos de los gilipollas

Hace unos tres años, Christian Ravier y Joan María Vendrell abrieron una via en Ordesa, que de no ser por su nombre seguramente habría pasado desapercibida a mi atención. La via en cuestión se llama Lejos de los gilipollas. Lo cierto es que no se exactamente cual fue el motivo que llevó a los aperturistas a escoger este nombre, aunque sin lugar a dudas este da pie a cientos de hipótesis. Tras la última visita a Ordesa, Dani y yo tuvimos la suerte (o tal vez desgracia) de vivir uno de esos episodios que te llevan a entender porque los aperturistas ponen nombres tan característicos a ciertas vias.

Era una medianoche de Junio y Dani y yo nos encontrábamos terminando de cenar en el Parking de la Pradera de Ordesa, junto al coche, con un gran despliegue de medios. Entre otros cervezas, una hamaca, todo tipo de comestibles y hasta una bombona de butano. En todo el parking éramos los únicos que estábamos despiertos. Lo cierto es que habría sido más prudente haberse ido a dormir más pronto teniendo en cuenta que al dia siguiente había que levantarse pronto para ir a escalar, pero que le vamos hacer, a ninguno de los dos se nos da bien este aspecto del alpinismo. En ese momento hizo su aparación un vehículo de la Guardia Civil, y haciendo rugir el motor de su Patrol se dirigió hacia el primer vehículo que apareció en su camino: el nuestro. Con el motor todavía en marcha se bajaron de su interior dos agentes y se dirigeron hacia nosotros. Cuando se acercaron y comprobaron el panorama, les quedó claro que no estábamos durmiendo y que no nos podrian dar esa multa que habían venido a recetarnos. Asi pues y de forma educada nos invitaron a dormir esa noche en la pradera, pues al no estar al tanto de la normativa vigente consideraron que mereciamos una noche de condonación. A cambio tan solo nos pidieron que nos identificáramos, y nosotros, pensando que se trataba de un rutinario control de DNIs accedimos sin vacilar. Acto seguido volvieron al Patrol y se pararon frente al siguiente vehículo. Armados con sus linternas y dando golpes en las ventanillas fueron levantando a todos sus ocupantes como si de traficantes se tratasen. Estaban cometiendo un delito demasiado grave que no debería quedar impune: estaban durmiendo en el parking. Todos los que allí estaban durmiendo aquella noche recibieron la cálida visita de esos dos agentes con fines recaudatorios, que mucho difieren de los motivos medioambientales a los que apelan.

Felices por haber salido indemnes por poco de aquella injusticia continuamos escalando aquel fin de semana por las paredes del Gallinero. Primero la Rabadá/Navarro y al dia siguiente la Zarathrusta nos hicieron disfrutar como un tonto con un lápiz en nuestro bautismo ordesiano. De verdad que fue un fin de semana redondo en cuanto a escalada se refiere. Los recuerdos de aquellos techos y todo ese patio nos acompañó durante todo el viaje de vuelta. Estábamos contentos.

La sorpresa llegó un mes mas tarde en forma de multa. Se nos acusaban unos hechos que no habían acaecido. Nuestra ingenuidad nos había hecho víctimas de un gobierno con ansias recaudatorias en época de crisis. Pese a haber recurrido la sentencia, las esperanzas son mínimas, pues no tenemos pruebas definitivas que hagan veraz nuestra versión, y mucho dudo que los agentes se retracten de aquella sucia jugada.

Asi pues, nuestro único consuelo probablemente sea volver a las paredes de Ordesa para escalar la citada vía de Ravier y comprobar si de esta manera podremos sentir ese distanciamiento al que hace alusión el nombre de la vía. Si es así, mucho me temo que con el tiempo acabará convirtiéndose en una clásica muy repetida.

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola,

Efectivamente el nombre de la vía lo pusimos entre Cristhian y yo al ver lo gilipollas que pueden a ser algunas de las personas que rodean la pradera de Ordesa. En cuestión, ese día a Ravier no se lo permitió subir su cuerda de escalada en el autobus y le obligarón a meterla en el maletero porque podía dañar la integridad de los pasajeros, ante tal gilipollez descubrimos que sin tener la vía ni empezada ya teníamos el nombre bien orientado. Pues eso, que como esa ruta queda bien alejada de la "incivilizacición" nos pareció buena idea.

Un saludo y completamente de acuerdo;

Joan Maria Vendrell