9 dic. 2009

Integral de Peuterey (II)

El segundo día esperamos a que el sol calentase aquella lata de sardinas para salir del saco. Después de haber estado unas 18 horas non-stop el día anterior nos lo merecíamos. A partir del Cravieri las mayores dificultades técnicas en cuanto a escalada se refiere ya habían pasado y pudimos guardar los pies de gato, continuando con las botas y aliviando el peso de la mochila al no tener que cargar con ellas. Bastante deshidratados debido a la falta de agua comenzamos la subida a la punta Gugliermina. Desencordados progresábamos por un terreno de bloques, esta vez más sólidos, con alguna que otra trepada fácil. A pesar de que nos encontrábamos descansados, el sol de mediodía reflejándose en nuestro cogote junto con la sed, insaciada desde hacía más de 12 horas no dejaban mucho margen de convicción con el que acometer aquel pedregal interminable. Por suerte, a mitad de subida, en una de las canales que se atraviesan de izquierda a derecha encontramos un pequeño riachuelo donde coger agua. Un litro de agua por cabeza bastaron para rejuvenecer nuestros cuerpos y como si de un videojuego se tratase, continuamos la ascensión con la "barra de energía" casi a tope. Pronto llegamos a la cima de la Punta Gugliermina. La cima sureste de la Aiguille Blanche estaba a tiro de piedra, envuelta en un manto de nieve perpetua, como llamando a gritos a los crampones para que saliesen del fondo de la mochila. Más adelante daba comienzo la estética travesía de la Aiguille Blanche, tal vez el tramo más característico de toda la vía.



Tras este delicado paso, más impresionante que difícil, llegamos por fin a la cima noroeste de la Aiguille Blanche de Peuterey. Desde aquí las vistas sobre el Plateau de Peuterey son impresionantes. En frente se encuentra la vertiente del Freney con su destacado pilar central, junto con algunas de las líneas más difíciles de todo el macizo del Mont Blanc. A su derecha se encuentra el nada despreciable Pilier d'Angle, probablemente el camino más fácil para salir de esta ratonera de roca, nieve y hielo incrustado en el corazón de la montaña a más de 3600 metros sobre el nivel del mar. Cualquier intento de retirada desde este punto se puede convertir en una auténtica odisea, como así lo demuestran los acontecimientos vividos por Bonatti y compañía en el Pilar Central del Freney en el 68.

El corredor Eccles suele ser la opción más rápida para superar el Pilier d'Angle y terminar la Integral. Este año sin embargo, debido al calor y a las pocas precipitaciones el corredor no era mas que un desagüe gigante por donde no paraban de caer piedras de todos los tamaños. En estos casos lo normal es subir directamente al Pilier d'Angle siguiendo su poco definido espolón sur y efectuar un flanqueo para llegar a la arista de nieve que baja del Mont Blanc de Courmayer.

Tras bajar de la Aiguille Blanche y atravesar el Plateau de Peuterey, con los correspondiente rodeos para evitar las grietas, llegamos a la base de la pared de roca. Aquí todavía nos esperaba un larguito de mixto entretenido, seguido de muchos metros de escalada fácil que realizamos de nuevo en ensamble. Llegamos a la cima con los últimos rayos de sol, y debido al cansancio acumulado decidimos dejar la cumbre para el día siguiente. En su lugar terminaríamos la aparentemente inocente travesía hasta el comienzo de la arista de nieve, dejando para la siguiente mañana la arista somital. La travesía de mixto y hielo resultó ser finalmente más complicada de lo que nos habría gustado, en parte porque los crampones de travesía de Dani, muy ligeros por una parte, apenas penetraban 2 centímetros en el duro hielo añejo. Después de la travesía no había ningún lugar decente para dormir, y sin mucho pensarlo nos acomodamos en una pequeña repisa de metro y medio de largo por cuarenta centímetros de ancho. Con los pies colgando y recostados sobre uno de los lados intentamos conciliar el sueño en una noche inusualmente cálida para la altitud a la que nos encontrábamos. De cena: queso, pan y frutos secos. El menú estaba empezando a repetirse demasiado. Además con el agua también andábamos escasos, y el litro y medio que nos quedaba tendríamos que estirarlo hasta el día siguiente.

Después de no pegar ojo más de 15 minutos seguidos en toda la noche estaba claro que por la mañana no íbamos a tardar mucho en levantarnos. Aún sin saber si el sol había llegado a salir del todo comenzamos a remontar la arista de nieve. Apenas 500 metros nos separaban de la cima. Sin duda alguna fueron los 500 metros que más esfuerzo necesitaron. Sin aclimatación previa, con apenas un trago de agua en la cantimplora y tras dos días de escalada estaba claro que estos últimos metros íbamos a tener que pelearlos. A quince segundos de progresión seguían otros cinco para recuperar el aliento. Cuando por fin llegué a la cima del Mont Blanc de Courmayer lo primero que hice fue tirarme al suelo para recuperar el aliento. Cinco minutos más tarde llegaba Dani. Por fin!!! Ya sólo nos quedaban unos metros hasta la cima del Mont Blanc. Era un día magnífico, completamente despejado y por supuesto con gran afluencia de público. Nos quedamos unos metros antes de la cima para derretir nieve, beber y comer un poco. Después llegó la foto de cumbre. Para mi la primera en la cima del Mont Blanc.

Aquella noche, después de bajar durante toda la tarde, volvimos a vivaquear. Al menos esta vez lo hicimos en un camping de les Houches.

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El croquis (más bien dicho descripción) más detallado, tal vez demasiado detallado, lo obtuvimos del libro de Francois Damilano "Escaladas en el macizo del Mont Blanc. Tomo II. Nieve, hielo y mixto". En la vista previa del libro en la página de Desnivel encontrareis la descripción completa de la via, asi como fotos de parte de la arista. En la versión completa se incluyen un par de fotos más: el descenso de la Aiguille Blanche y la subida desde el collado de Peuterey hasta el Mont Blanc de Courmayer.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Jon ZURUTUZA dijo...

Vamos a ver si en verano del 17 puedo hacerlo, es uno de mis vías pendientes y soñadas. Ahora solo me queda buscar un compañer@ de escalada al.

Gracias por los datos y enhorabuena por esta dura clásica.

Un abrazo. Juan