19 mar. 2007

Chamonix


A la bajada del teleférico...

Entre escaladas, cuando el alimento y las fuerzas non daban para más, bajabamos a Chamonix a repostar. La mayoría de las veces al bajar del teleférico, lo primero que haciamos era dejar los bultos en cualquier lado e ir al supermercado a comprar cervezas y algún tipo de delicatessen. Después de saciado el estómago ya era hora de ir al camping.
A parte de dormir y comer, a lo que dedicábamos la mayor parte del tiempo, solíamos ir a la casa de la Montaña a mirar el parte Metereológico, croquis y mapas, y pensar y repensar la próxima escalada. Poco más teníamos para hacer en Chamonix, ya que el pueblo por completo es en sí una fabrica de hacer dinero que aprovecha la montaña como pretexto. Esta claro que un lugar tan turístico no es barato, asi que cuanto menos tiempo estuviésemos abajo, menos dinero gastaríamos.


A desayunar!!!

En el camping conocimos dos españoles, ambos almas errantes que habían venido solas. Uno de ellos vino con la pretensión de ir al Cervino. Poco después se volvió a Chamonix, al no encontrar nadie con quien acometer la ascensión desde Zermatt. El otro, Fernando, estaba de vacaciones, igual que nosotros, pero disfrutando de otro deporte muy distinto, el parapente, al que ya habia dedicado buena parte de su tiempo. Con ambos entablamos una buena amistad, a base de pasar noches en el camping, contando historias de "altos vuelos"...


Atardecer en la cumbre del Mont Blanc visto desde el camping.

En uno de los días decidimos ir a una escuela de deportiva cerca de Chamonix, que como era de esperar estaba abarrotada de cursos de escalada.


Probando eso de las chapas otra vez

A mediados de Agosto, después de un mes de trepadas, tocó iniciar de nuevo el viaje de vuelta. Ahí dejé a Dani, quien durante los siguientes días se daría un tour por la Mer de Glace y otros lares...


La despedida...

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